¡Hola! ¿Como están?
Ya es lunes 9 de Junio de 2025, faltan 206 días para que termine el año.
Hoy quiero platicarles sobre el perfil del nuevo Consejero. Y aunque este artículo está centrado en un Consejero de Administración, bien es aplicable a cualquier tipo de profesional en cualquier campo de trabajo.
Hace unos meses, durante una reunión de preparación para un proceso de selección de consejeros independientes, un CEO nos dijo algo que me quedó grabado:
“Ya no necesito un consejero que sepa más que yo. Necesito alguien que conecte mejor que todos nosotros”.
Su afirmación no era una provocación. Era un diagnóstico lúcido de una nueva era. Hoy, el poder de un consejo no está en su antigüedad, ni en su acumulado de galardones, sino en su capacidad de integración: integrar visiones, lenguajes, riesgos, disrupciones y valores. Ese es el nuevo superpoder.
De experto a nexialista
Durante décadas, los consejos premiaban la especialización. El consejero ideal era alguien con “tabla” en su industria, con experiencia ejecutiva previa y, si era posible, un MBA colgado en la pared.
Pero el mundo cambió. Hoy lo que escasea no es el conocimiento técnico. Es la capacidad de enlazar saberes dispersos, detectar señales débiles y anticipar las consecuencias de decisiones tomadas en un contexto de incertidumbre. Por eso, surge una nueva figura: el consejero nexialista.
La palabra puede sonar exótica, pero su definición es muy concreta: una persona que conecta lo fragmentado. Que no se siente cómodo solo en su zona de expertise, sino que circula con soltura entre tecnología, ética, negocio, sostenibilidad, cultura y reputación.
No se trata de ser un “todólogo”. Se trata de ser un traductor confiable entre mundos complejos.
En una clase brillante impartida en Board Academy por Sandra Zuluaga R y Marcelo Ribas, extraje los cinco pilares del Consejo Nexialista de Alto Impacto.
Comparto aquí los que más me resonaron:
El consejo que hacía muchas preguntas... y sobrevivió
En una empresa familiar que acompañamos hace 3 años, el presidente del consejo era un exbanquero con enorme trayectoria. El negocio enfrentaba una disrupción tecnológica fuerte. En vez de resistirse, decidió abrir espacio a una consejera joven con experiencia en blockchain y otra con perfil en gestión de talento digital.
En la primera sesión, la joven experta cuestionó —con respeto— la viabilidad del modelo actual en 5 años. Hubo silencio. Luego, incomodidad. Pero también curiosidad.
Creanme que esa reunión fue el punto de quiebre, fue un nuevo punto de salida para que la empresa empezara a transformarse.
No por el tema blockchain, sino porque el consejo empezó a hacerse nuevas preguntas. Y cuando un consejo cambia sus preguntas, cambia su futuro.
Por eso, mi pregunta es simple: ¿Quién se atreve a incomodar —con respeto y visión— en tu Consejo?
¿Quién traduce la urgencia digital, la presión social, el talento emergente y la fragilidad reputacional? ¿Quién pone sobre la mesa lo que aún no tiene nombre, pero ya tiene consecuencias?
Muchas gracias por leerme.
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Un abrazo,
Gustavo García Alvarado